miércoles, 2 de enero de 2013

Hundido en la reiterada rareza de las fiestas (celebrar es repetir), donde manjares de invierno se nos imponen a temperaturas subtropicales, tomo notas aisladas -¿ qué es la ley, por qué la poesía puede  resultar más explícita que la teoría?- y leo, o releo procurando hallar el camino entreverado de la dicha.
Por ejemplo, leo: "El aire matinal repartió sus cartas con sellos incandescentes. La nieve iluminó y todos los pesares se alivianaron: un kilo pesaba apenas setecientos gramos", este es Tomas Tranströmer, el poeta sueco premiado con el Nobel a quien sigo con deleite.
Más adelante, encuentro el volumen del diario personal de Witold Gombrowicz correspondiente a los años que van de 1957 a 1960. El mago polaco, que pasa unos días en Santiago del Estero, convierte la provincia plana y seca en un paraíso de tentaciones eróticas. Todo indica, y los comentarios laterales que acompañan a las entradas lo confirman, que en Santiago Gombrowicz ha sucumbido a una poderosa ola de erotismo tardío. Afligido por la belleza de la juventud vernácula "inferior, aniñada, criollita" admite que el artista debe siempre actuar en los confines mismos de la vergüenza y el ridículo. Y entonces escribe lo siguiente: " Estoy mortalmente enamorado de la carne, la carne es para mí decisiva. El espíritu jamás podrá disimular la fealdad  de un cuerpo..." Duro, termina por tratar de mónstruo a Sócrates (dado que era muy feo), mientras él se pierde en una inverosímil Santiago del Estero donde, entre otras pocas cosas, conoce al joven Santucho, futuro líder del Erp (Ejército revolucionario del pueblo) y de quien dice, con prodigiosa anticipación, que sus manos actuaban más rápido que su cerebro "exactamente como un ocurre con un guerrero".
Despacio, como quien vaga en un terreno deseado pero no demasiado conocido, paso del polaco al argentino Borges y de Borges al norteamericano Mark Strand, quien dice por ahí: "El tiempo transcurre rápidamente; nuestras penas no se transforman en poemas, Y lo invisible permanece como es. El deseo ha volado"



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