jueves, 28 de febrero de 2013

Hojas sueltas recuperadas-5

Breve conversación con Borges

El jueves 2 de agosto de 1979, pocos días antes de irme a los Estados Unidos, fui a visitar a Borges. Eran las 10:30 de una mañana nublada y lluviosa. Cuando llegué al famoso departamento de la calle Maipú Borges estaba en camisa y pidió de inmediato a la mucama que le alcanzara el saco. Le comenté que el día estaba oscuro y frío y lluvioso y dijo:
-Mejor. Los días de sol son muy desagradables, lo mismo que el calor. Sarmiento cuenta que cuando conoció a Emerson éste le preguntó si en su país nevaba. Sarmiento contestó que no y Emerson dijo:"Entonces no tiene ningún interés". Fíjese que raro, porque Emerson era un hombre cortés, pero la idea es bien protestante ¿verdad?
-Así parece, como si se tratara del viejo litigio...
Pasamos después a hablar  de otras cosas. Borges rumió sus  temas predilectos, habló de su familia, de Carriego, de la fama. 
-Cuando yo era joven acompañé un día a Lugones desde la Biblioteca del Maestro hasta La Nación y nadie lo miraba, nadie decía ahí va Lugones...
-En cambio, con usted se ha vuelto difícil salir a la calle.
-Sí, francamente, yo no entiendo el porqué de mi popularidad.
Le digo que la televisión y las revistas ilustradas tal vez estén contribuyendo a que la gente lo identifique. Concede con un murmullo y empieza a decir algo que luego abandona y, de manera inesperada, se pone hablar de los Estados Unidos en un tono muy poco pro americano que digamos.
-Yo noté que no tienen idea de familia, no son éticos. Para ellos tener primos es un bizantinismo ¿no?
Además son violentos ¿Conoce el cuento del inglés y del americano que se encuentran y se desafían a ver quién dice la mayor mentira? Bueno, el americano empieza: "Once, a gentleman from Chicago..."
El inglés lo interrumpe de inmediato: "You win!" ¿Estupendo, no? El inglés prefirió perder porque de ese modo admitía su superioridad: no hay caballeros en Chicago.
Después añade: 
- A Faulkner lo invitaron una vez a San Pablo. Estaba en el piso 30 de un torre, miró hacia afuera y dijo: "Odio Chicago" y los paulistas se sintieron orgullosos por la comparación.
Nos reímos, Borges es un gran bromista y dispone de un buen stock de chistes. Vuelve a la cuestión de la fama:
-  A mí me ha pasado lo que al tango. Aquí nadie lo quería, pero cuando los franceses lo adoptaron se transformó en pasión nacional.
(Sigue el humor) 
-Bueno, los argentinos somos bastante especiales. Fíjese que José Igenieros saludó al presidente de los Estados Unidos con un nombre falso para señalar que nada importa nada. Estaba en una lista de saludos y cuando le tocó su turno y el presidente le estrechó la mano, Ingenieros se presentó; "Josué Samoil"
"Glad to meet you Mr. Samoil"dijo el presidente. 
Volvemos a reírnos. De paso, Borges comenta que Cecilia Ingenieros era una bella mujer, una especie de princesa gitana y me pregunta si yo sé qué se ha hecho de ella. Y yo lamento decirle que jamás la conocí. 
Recién entonces me doy cuenta de que nadie a descorrido las cortinas y que estamos prácticamente a oscuras. Y entonces pienso que un ciego no necesita luz. Vacilante se incorpora y se toma de mi mano y me pregunta por el origen de mi nombre por tercera vez, creo. Entonces opina que los norteamericanos han tenido más suerte que nosotros con los nombres indios:
-Fíjese Iowa, por ejemplo -me dice- parece agua en movimiento, Utha, Idaho... En cambio nosotros tenemos Chivilcoy, qué infortunio ¿no?
Observo que viste un traje gris, camisa celeste y corbata azul con tenues dibujos en el mismo tono. Hemos hablado del tiempo y de edad y entonces masculla:
- Cumplir ochenta años es una cosa atroz...

No obstante, señala algunas ventajas de la ceguera:
- La ceguera me permitió conservar las caras de mis amigos en la lozanía de los años mozos. Hace poco me visitó una antigua amiga, una mujer notable por su belleza. Le pregunté cómo estaba y me contestó es una suerte que no puedas verme, te llevarías una desilusión. ¿Es para tanto? le pregunté. Y ella: mucho más de lo que supones.
Borges se sabe utilizado por la gente pero no tiene defensas contra esa utilización de su persona. Con la avanzada edad y la ceguera, su figura se ha vuelto frágil y sumamente insegura. En compensación, su mordacidad se ha acentuado a la par que su escepticismo.
-Cuando joven -dice, por último- discutía con todo el mundo. Ahora tiendo a estar automáticamente de acuerdo con todas las opiniones. Es más cómodo ¿verdad?
Me fui de allí enriquecido y también un poco triste.
Y pensé que Borges no se detiene en al frontera de las posibles derivaciones  de sus pensamientos. Va siempre más allá. Tal vez por eso, hoy, Borges da la impresión de haberse "absuelto" de la fama, permitiéndose todo con infinita tolerancia.

(Publicado parcialmente en la La Nación en septiembre de 1979)

lunes, 25 de febrero de 2013

Hojas sueltas recuperadas - 4

Clase de Mario Bunge


El viernes ocho de noviembre de 1985 conversé con Mario Bunge en la Universidad de Belgrano y luego asistí a su última clase sobre Razón y Racionalidad donde explicó, en términos muy resumidos, su filosofía materialista que ahora, veintisiete años después, reproduzco aquí.

Sobre el materialismo. Algunos restringen el concepto de materia a aquello que tiene masa. Otros dicen que materia es todo lo que existe fuera de la conciencia. Pero ninguna de las dos posiciones es exacta.
Lo cierto es que las cosas cambian, aunque a  veces hagamos de cuenta  que tratamos con objetos inmutables. Todo, absolutamente, se modifica y esta modificación puede ocurrir en un segundo  o en mil años. Pero eso no importa.
Y esta capacidad de cambio contrasta con la capacidad de permanencia propia de los objetos conceptuales. No se nos ocurriría preguntarnos ¿cómo ha amanecido hoy el número 30?
Entonces, un objeto material es un objeto capaz de cambiar. De modo que debemos considerar los estados posibles de ese objeto y para cualquier sistema de referencia lo que es material debe tener por los menos dos estados posibles.
La materia es igual al conjunto de todos los objetos posibles, son las partes de los objetos materiales. Pero, atención, los conjuntos son objetos conceptuales...! Y no hay aquí paradoja alguna aunque lo parezca, porque lo que acaba de ocurrir es que hemos construido así el concepto de materia, no la materia.

El postulado central de la tesis de Bunge es el siguiente:

P-Todos los objetos reales son materiales y concretos. Se puede decir que un objeto es real cuando puede influir -o ser influido- sobre otro, o si está compuesto por objetos reales.
P1- La realidad es el conjunto de todos los individuos reales. Pero de la realidad no se puede predicar la realidad como de la bondad no se puede predicar la bondad. Sólo hay personas o animales que son buenos, pero no bondad. Lo que es real son las partes que componen a la realidad.
P2- Realidad = Materia. Todo objeto existe realmente si es material.
Corolario negativo: Los objetos inmateriales son irreales. Por ejemplo, las propiedades en sí, no las cosas dotadas de propiedades. Por ejemplo, la distancia entre las cosas no es una categoría real, la distancia así enunciada no existe. Lo que existe son cosas distanciadas.
Ahora bien, a las matemáticas no les interesa para nada la materialidad y es por eso que habla de distancia entre puntos alejados.

El espacio físico a diferencia del espacio matemático es uno. El espacio y el tiempo son irreales fuera de  las cosas que les confieren realidad. Según Einstein  Espacio y Tiempo ( E y T) son irreales e inmateriales por no existir independientemente de la materia. Esta es una teoría relacional del E y T.

¿Qué es una teoría?
Una teoría es un sistema conceptual, pero un sistema concreto es un conjunto de cosas concretas. Y un sistema es real si está compuesto de cosas reales.

Postulado 2- Todo objeto real -material-es o un sistema o el componente de un sistema. Dicho de forma negativa: no hay cosas sueltas. El valor eurístico (metodológico) es el que nos impele a buscar relaciones pero para ello debemos partir de hipótesis que sostienen que estas relaciones existen.

(El sistema de Bunge es dinamicista porque identifica materialidad con mutabilidad)

Postulado 3- Todo sistema tiene por lo menos una propiedad emergente respecto de sus componentes, por lo tanto es este también un materialismo emergentista.
Lo Físico es precedente de lo Químico porque lo contiene. Así, la noción de precedencia de niveles se basa en la noción de composición de un sistema y en el conjunto de todos los objetos que son parte del sistema.

Postulado4- Los sistemas de cualquier nivel han emergido en el curso de algún proceso de "ensamble" de cosas de niveles inferiores.
Los postulados 3 y 4 implican el Teorema 2, según el cual todo proceso de "ensamble" va acompañado de la emergencia  de por lo menos una propiedad del sistema.

Postulado 5- Algunos procesos son evolutivos (¡Toda novedad es seguida de alguna  deidad!)
Ontológica materialista: exacta, sistemático, científico dinamicista, sistemista emergencista, evolucionista.
El materialismo dialéctico (MD) no es sistemático, no es científico, es sí dinamicista.

El materialismo científico (MC) equivale a materialismo+ciencia actual, en tanto que el(MD) es igual a materialismo +dialéctica + dogmatismo y mucha escolástica con abundantes referencias a autores. El (MD) no aclara que  significan los contrarios.
 (Aquí se abre un espacio irrecuperable y pasa de golpe a otra cuestión)
Hoy sabemos que el photon es un objeto simple, o sea que no tiene partes, por lo tanto no puede decirse que tenga contrarios. Por lo demás, el (MD) no tiene en cuenta la cooperación que el (MC) sí tiene en cuenta cuando estudia no sólo cuestiones orgánicas  sino sociales.

Otras Aclaraciones
Las matemáticas son un sistema ficticio, proponen una ficción.
La filosofía es interdependiente con la ciencia.
Hoy no hay rama del conocimiento que sea independiente de las demás. Cuando alguna se proclama independiente se denuncia  como seudociencia.
No hay pruebas de nada concluyente porque no hay datos concluyentes.
Habitualmente todo está en cuestión, datos y teorías; sólo hay experimentos, algunos más decisivos que otros.

Bunge destacó, ante un lapsus cometido por él, lo que llamó "la trampa platónica": "Acabo de decir -comentó- un zapatero que arregla todo tipo de zapato. Y está mal, se debe decir: un zapatero que arregla zapatos de todo tipo ¿Por qué? Porque el zapatero trabaja con la realidad material de un zapato y no con una categoría abstracta".
Después nos fuimos a tomar una copa.


martes, 19 de febrero de 2013

Hojas sueltas recuperadas - 3


Carta abierta espontánea


El creciente predominio de las finanzas sobre la política está transformando a la sociedad occidental y vecindarios en una ecuación de la que se borra el "término" humano y donde la buscada incógnita a resolver exhibe un perfil entre incierto y temible. Desde ya, en días optimistas me inclino por la resolución "incierta". Sólo que no todos los días se levanta uno optimista.
El desgaste del lenguaje habitual para designar el universo político acusa también esta transformación: decir liberal y decir democracia equivale hoy cada vez más a repetir una fórmula conformista vaciada de sentido que sólo evidencia la traición ejercida, precisamente, sobre la idea liberal y la práctica democrática, machacadas y deglutidas ambas entre las mandíbulas de un sistema cada vez más hambriento y en beneficio de un conservadorismo capitalista extremo cuya única noción de libertad es cierta libertad de mercado entre pares. El resto son palabras.

Escribo desde la descreencia en la absoluta fiabilidad de cualquier tendencia, agrupación o partido político para imponer condiciones que beneficien efectivamente a todos, y hablo a partir de un ejercicio crítico que no pocas veces se ve azotado por una tormenta de confusiones contradictorias. 
Al  mismo tiempo ¿cómo no aprobar y sostener la existencia de la vida política a pesar de todos sus fracasos? ¿Qué sociedad sería posible entregada exclusivamente a manos privadas? ¿Qué dictadura resultó alguna vez beneficiosa? ¿Cómo imaginar una nación sin estado?
Con todo, produce un cierto escalofrío pensar en el diseño que podrá adquirir el mundo en un futuro no muy lejano desde estas democracias parciales, en parte mentidas o manipuladas. Además, ya no parece haber adversarios políticos sino enemigos desbordados por una pasión tan peligrosa como pueril.
En efecto, ya no podemos sentarnos a discutir nuestras diferencias políticas alrededor de una mesa de manera civilizada; no, no hay manera. Manejamos emociones, no ideas. Manejamos datos aislados, no conocimiento. El prejuicio sigue prevaleciendo sobre el juicio. La información abunda pero en rigor (en su esencia) nos está mayormente vedada. Los medios de comunicación han desarrollado la innegable capacidad de construir su realidad propia en buena parte al margen o en contra de la realidad misma. Los gobiernos se encierran en la carcasa de sus discursos hasta el mero desgaste de sus auténticos propósitos. Los hipócritas (o los tontos) recurren a las argumentaciones morales para juzgar lo colectivo. Las oligarquías globales procuran aplastar a las democracias populares. Mientras que las democracias conservadoras se reivindican como únicas poseedoras de la verdad política.

En una conversación memorable entre Cornelius Castoriades, Octavio Paz y Jorge Semprún que tuvo lugar en Francia en 1988, éste último dice: "El problema de fondo sigue siendo éste: nos vemos confrontados con la necesidad de transformar nuestras sociedades sin ningún modelo de reemplazo. En lo más recóndito de la crisis está esto. La democracia es el horizonte insuperable de nuestro tiempo".

Nada parece más actual después de casi un cuarto de siglo. Sin embargo, a la hora de ser pronunciadas esas palabras la "revolución" virtual y el desarrollo de la comunicación digital no habían alcanzado todavía la dimensión totalizadora que hoy tiene. Castoriades, esa misma tarde del 4 de junio de 1988, había agregado seguidamente que el proyecto esencial de Occidente, que consiste en la autonomía de los individuos y de las colectividades "parece haber entrado en una fase de evanescencia". Es, precisamente, en ese punto donde sobresale la "deshumanización" neoliberal o neoconservadora, poderosamente dirigida a anular cualquier fuerza que se oponga a su marcha. La idea del "bien" como absurda categoría de justeza política y cultural indiscutible se opone a la idea del "mal", que designa al enemigo absoluto. Habitualmente islámico.
¿Estaremos destinados a una nueva polarización?
Me parece bastante pavoroso e injusto que si alguien critica los procedimientos del gobierno de Israel corra el riego de ser tildado de antisemitismo. Nadie que critique al gobierno de Francia sería tildado de antifrancés.
De modo análogo, si alguien aprueba algunas de las medidas del gobierno argentino o bien manifiesta su acuerdo con sus líneas generales, será rápidamente tildado de "kirchsnerista" o populista básicamente "antidemocrático" en abuso esquemático de las nominaciones ideológicas.


Y yo me pregunto si no estaremos encaminándonos a una confrontación dolorosa debido al hartazgo de bienes privilegiados y al abuso de argumentos falsos en los que ya nadie cree. Pero no lo sé, porque después de todo la política no es mi fuerte y siempre termino por creer que mi contrincante quizás tenga más razón que yo. Tampoco sé quiénes leerán esta página. Es decir, más bien tiendo a creer que casi nadie leerá esta página, por lo tanto sería inútil confiar en su valor de manifiesto y sí, en cambio, tenerla como una opinión inspirada por la naturaleza del día, por cierto abierta a su enriquecimiento.  

jueves, 7 de febrero de 2013

Hojas sueltas recuperadas-2

Alrededor de Rosebud


No es improbable que Orson Welles haya construido toda la fantasía narrativa de su película "El ciudadano" a partir de la palabra rosebud sustantivo común inglés que significa capullo de rosa y también pimpollo y que después del film se transformó en un término excepcional y enigmático, clave para perseguir un enigma o plantear una o más intrigas.
Orson Welles escribió la historia de "El Ciudadano" (Citizen Kane) tomando como modelo al magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst, hombre talentoso y autoritario, creador de una imponente cadena de medios que llevó su nombre. En la cúspide de su poder económico quiso vivir como un señor renacentista en un palacio a la manera de Marienbad pero sin dejar California, para lo cual lo hizo levantar allí mismo trayendo los materiales de Europa. El resultado es una casi perfecta réplica de los modelos arquitectónicos versallescos aunque no encaje del todo en el clima espiritual y psicológico de California. En ese sentido es una obra desopilante.
Por su lado, Orson Welles mezcló aspectos de la vida de Hearst con algunos contornos de la suya propia  (después de todo también él era un megalómano considerable) y obtuvo, es innecesario decirlo, una de las mejores películas del siglo veinte.
Pero  ¿dónde entra la delicada palabrita rosebud?
Hearst fue un hombre que concibió un amor extraordinario y duradero por la actriz Marion Davies, una indudable belleza del cine mudo y se dice que cuando Hearst y la Davies vieron la película de Welles se sintieron ultrajados, tanto que el magnate prohibió que en sus publicaciones se  hablara de "El Ciudadano" o se mencionara a su director e intérprete principal.
Como recordarán todos aquellos que vieron el film, cuando el ciudadano Kane está por morir pronuncia una sola palabra y esa palabra es rosebud. Más tarde, un periodista que indaga en la vida de Kane descubre un trineo que perteneció a Kane en la infancia donde aparece inscripta la palabra rosebud. Y eso es todo. Pero entonces ¿por qué la indignación tan radical del magnate y de su amante?
Según la leyenda más difundida, Hearst llamaba rosebud al sexo de Marion Davies y a Mario Davies por entero pero, eso sí, en lo más reservado de su intimidad erótica. Desde esa perspectiva Welles aparecía como el usurpador indiscreto de una clave sexual  sin ningún cuidado por la privacidad de Hearst y de su bonita amante. Sin embargo, en ningún momento de la película se da lugar a que la sospecha se aclare y denuncie lo que la palabra oculta. Nadie podía saberlo y fue sólo la indignación de Hearst que le quitó el cerrojo y la hizo rodar como un chisme de mal gusto. En realidad no tenía con qué demandar a Welles y tampoco podía revelar las razones de su furia sin revelar el sentido de la palabra. Hizo silencio y Welles sonreía en la oscuridad como una fiera maligna.