La oportuna participación del cineasta Andrés Di Tella aportándome el título olvidado del documental que yo venía identificando como Las tres hermanas del Líbano en la guerra, y que ahora sé que se llama "Beirut: the last home movie", parece haber disparado alguna coincidencia del mismo género. Días pasados, de visita en Buenos Aires, fui a la librería Norte como hago siempre que viajo a la ciudad y allí Débora Yánover me comentó que acaban de editarse las memorias de Patty Smith, la misma Patty cuyo documental autobiográfico alineo entre mis preferencias cuando hablo también de "Beirut: the last home movie" o del film "Crumb" o, asimismo, de "El Desencanto".
Son estas nada declamatorias casualidades, estas secretas concordancias de gustos, preferencias, búsquedas y hallazgos, los elementos que enhebran la trama de una felicidad discreta pero honda y también quizás expandida y compartida por quienes creemos -y sentimos- que la vida es un libro, una película, una pieza de música y sobre todo y una vez más, una construcción narrativa, un resplandor poético en el sentido más griego del término.
Además, es hoy particularmente alentador (e interesante) comprobar que en medio de un período de fieras confrontaciones políticas e ideológicas (quizás otra de nuestras riquezas hirientes) somo capaces de ir más allá sosteniendo estas predilecciones superadoras, estas instancias donde, sin duda, se dan las síntesis de nuestra difícil cultura.
Ahora, para terminar, retomo el principio. Di Tella nombra en su participación a quien designa muy justamente como su maestro y amigo, Alberto Fischerman. Alberto, que nos ha dejado hace ya años, compartió conmigo interminables tardes construyendo la fantasía de un film que terminó llamándose "Gombrowicz o la seducción" donde el joven Andrés Di Tella ya se movía detrás de la cámara. Desde ya, es una historia muy larga y no poco apasionante, sobre todo porque tratábamos con un fantasma huidizo y peleador como Witold Gombrowicz y con sus "discípulos", personalidades irreverentes e imaginativas capaces de rescatar el pasado, que habían compartido con el escritor polaco, como si fuesen feligreses de un culto pagano convocando al espíritu mayor alrededor de una mesa en penumbras. Ahora se me ocurre que mientras Alberto filmaba esas extrañas escenas estábamos cerca de Navidad, lo cual sería, en todo caso, otra coincidencia. De cualquier modo, es otra historia.
Nos debemos una buena crónica/recuerdo de aquella experiencia única e irrepetible. En estos días, en que se nos fue el Fiel Goma, ¿cómo no recordar aquellas mesas del ex café de la esquina de Paraná y Sarmiento? Fueron my oown private Rex...
ResponderEliminarDa un poco de escalofríos pensar que en la mesa del falso café Rex en los altos de la Tienda San Miguel, la de aquella sesión de espiritismo filmado, ahora se empiezan a sentar verdaderos fantasmas: Alberto, Dipi, Betelú, Goma...
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