lunes, 29 de abril de 2013

Entre Aida y Homero



A la memoria de Aida Bortnik


Hace menos de una semana murió Aida Bortnik, guionista, periodista y escritora con la que, en cierta época, compartí algunas salas de redacción en Buenos Aires. Y de eso precisamente se trata. En la primavera de 1970 conseguí que el semanario Panorama me contratara como colaborador estable a fin de que al poco tiempo fuera nombrado redactor. En esos días, ya avanzado septiembre, me encargaron la traducción de las cartas sobre los peligros de comprometer a los Estados Unidos en Indochina que intercambiaron John Kenneth Galbraith y el presidente Kennedy durante los años en que Galbraith se desempeñó  como embajador en la India.
Un jueves, pasado el mediodía, en la redacción del semanario sólo sonaban tres máquinas, la de Aida Bortnik, la del crítico  cinematográfico uruguayo Homero Alsina Thevenet (HAT, para los amigos) y la mía, redactando mi traducción. Por distintas razones ninguno de los tres habíamos salido a almorzar. Por razones de trabajo guardábamos silencio concentrado cada quien en lo que estaba escribiendo. Afuera cantaban los pájaros y el cielo era azul. Aida ocupaba el ala izquierda de  la redacción unos tres escritorios por detrás del mío, ubicado en la fila del centro, y Homero se situaba en el ala derecha del salón. Entre ella y él no habría más de seis metros de distancia. En un momento dado oigo que Aida pregunta:
- Homero ¿Sabe qué día es hoy?
Y Homero, sin dejar de mirar el teclado responde:
- Jueves, Aida.
Y ella, después de un suspiro, alentada seguramente por la proximidad del fin de semana, exclama:
-Ay qué lindo, Homero...
Y él, siempre en el mismo tono y sin dejar de escribir, le responde:
-Ay, Aida, a cuántos días le habrá dicho lo mismo...
La oportuna gracia del chiste, la inmediatez de la respuesta y su indudable fineza, características del ingenio y estilo de Homero, hicieron que mi risa se sumara espontáneamente a la de ellos y empezáramos esa tarde a conocernos.
Han pasado algo más de cuarenta años y esa gracia repentina sigue viva en mi memoria, como siguen vivos ellos cuando la evoco.


No hay comentarios:

Publicar un comentario